Quinta de Couselo 2016

11.28 

Quinta de Couselo. Refugio de monjes

La Bodega está vinculada al Monasterio cisterciense del siglo XII de Santa María de Oia. El nombre de Oia se relaciona con su emplazamiento, por tener su asiento a orillas de la mar, en una grande profundidad mirada, con respecto a las elevadas sierras que tiene por el oriente, le nombraron Oya, derivado de Oyo. Desde sus orígenes, el monasterio tuvo vínculos con el valle de O Rosal, donde los monjes adquirieron diferentes propiedades e impulsaron el cultivo de la vid. Esta pequeña y acogedora bodega, de larga tradición familiar, siempre se ha caracterizado por su amor por el vino y su respeto por el entorno. En Quinta de Couselo quieren transmitir que detrás de cada botella hay todo un mundo de tradiciones que han ido adaptando a las nuevas tecnologías, consiguiendo la más alta calidad en la elaboración de sus vinos, aguardientes y licores.

6 disponibles

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Descripción

Bodegas Grandes Pagos Gallegos de Viticultura Tradicional.

D.O. Rías Baixas – (O Rosal).

Albariño, Caiño Blanco, Loureiro, Treixadura.
Vino blanco joven, crianza sobre lías.
Ficha de cata
Amarillo pálido con notas verdosas.
En nariz intenso aroma frutal (ciruela, melocotón), floral (azahar) y notas de laurel.
En boca es fresco, untuoso pero equilibrado, mineral, notas salinas con un franco retronasal, largo y dejando muy buena persistencia.
Vendimia manual en cajas de 15 kg, selección mesa vibratoria racimo a racimo, fermentación a temperatura controlada, crianza sobre sus lias finas durante 6 meses.
Marisco a la plancha y cocidos, ideal con vieiras gratinadas, cocina asiática, foie, carnes blancas, quesos suaves.

Información adicional

Peso 1.5 kg

Bodega

La historia de ésta bodega está íntimamente ligada al Monasterio cisterciense de Santa María la Real de Oia, el cual ofrece un grandioso emplazamiento al océano Atlántico, en una ensenada rocosa, entre las villas de A Guardia y Baiona. Este monasterio comenzó a construirse en el año 1136 bajo el reinado de Alfonso VII. Como ya señaló Avila y la Cueva en el siglo pasado, el nombre de Oia se relaciona con su emplazamiento. En efecto, “por tener su asiento a orillas de la mar, en una grande profundidad mirada, con respecto a las elevadas sierras que tiene por el oriente, le nombraron Oya, derivado de Oyo”. Según un cronista cisterciense de la Congregación de Castilla, el cenobio de Oia es el único de la Orden que se levanta a orillas del Atlántico. La fachada de su templo y las dependencias monasteriales del costado occidental se sitúan al borde del mar. Se conservan los restos de un espolón o malecón a pocos metros de la orilla, cuyos muros se abren en la parte central de la cala, y que configuraba un pequeño pasadizo con saliente y entrante para los barcos de pesca, que se podía tapar con una red o empalizada de madera. El recinto portuario, denominado “camboa”, se empleaba como sistema de pesca y también protegía a las embarcaciones y amainaba la fuerza y el batir de las olas contra los muros del monasterio. Desde sus orígenes, el monasterio tuvo vínculos con el valle de O Rosal, donde los monjes adquirieron diferentes propiedades e impulsaron el cultivo de la vid. La bondad del clima del valle hizo que estas fincas se utilizaran como lugar de descanso y retiro de los monjes. Entre estas propiedades se encuentran la granja y priorato de San Antonio y la granja nombrada da Cheira, en el lugar de Couselo que fue adquirida por los monjes en el 1163. Esta granja da Cheira es lo que hoy conocemos como Quinta de Couselo. Estas heredades pertenecieron a los monjes hasta la desamortización, en el año 1835. El monasterio y sus propiedades pasaron entonces a pública subasta. La venta del edificio del monasterio se llevó a cabo el 15 de abril de 1844. La granja da Cheira fue subastada poco después y pasó por diferentes manos hasta que el 15 de enero de 1864 fue adquirida por Don Casimiro Dorado y Méndez. Con la adquisición de la granja por Don Casimiro la propiedad va a permanecer en manos de la familia Vicente durante casi 150 años. En agosto del 2013 los hermanos Suárez Vicente, bisnietos de don Casimiro, venden la propiedad a Grandes Pagos Gallegos de Viticultura Tradicional, un grupo vitivinícola cuya filosofía es desarrollar proyectos singulares en aquellas zonas donde mejor se expresen las variedades autóctonas gallegas. Esta pequeña y acogedora bodega, de larga tradición familiar, siempre se ha caracterizado por su amor por el vino y su respeto por el entorno. Actualmente corresponde a Grandes Pagos Gallegos de Viticultura Tradicional continuar el buen hacer histórico de esta bodega, y respetar el legado que les dejó la familia Vicente. En Quinta de Couselo quieren transmitir que detrás de cada botella hay todo un mundo de tradiciones que han ido adaptando a las nuevas tecnologías, consiguiendo la más alta calidad en la elaboración de sus vinos, aguardientes y licores.

Bodegas y Viñedos

Quinta Couselo pertenece a la subzona de O Rosal, dentro de la Denominación de Origen Rías Baixas. La bodega se encuentra en el valle de O Rosal, que limita al sur con el río Miño en su desembocadura, y al oeste con el Océano Atlántico. Sus tierras se benefician de un microclima especial de influencia atlántica que proporciona temperaturas suaves, abundantes precipitaciones y las horas de insolación necesarias para una maduración apropiada de las uvas. Los viñedos se localizan en suelos de origen sedimentario, franco, rico en materia orgánica, ácido y profundo. Las variedades que cultivan son Albariño, Caiño blanco, Marqués (Loureira) y Treixadura. Las plantaciones son cuidadas con prácticas compatibles con la protección y mejora del medio ambiente (Producción Integrada). Se utilizan dos sistemas de conducción, la espaldera y el emparrado gallego. La finca “A Cheira” o “da quinta”, parcela donde se localiza la bodega, tiene una superficie de dos hectáreas de viñedo compuestas fundamentalmente por cepas de albariño de más de treinta años de edad, junto con cepas de loureira y caiño blanco dispuestas en emparrado. Está cerrada con el muro original que construyeron los monjes cistercienses. Los dos pinos mansos, que constituyen la imagen corporativa de la bodega, se alzan majestuosos en el centro de la finca de la Quinta y han sido testigos de la historia de O Rosal en los últimos doscientos cincuenta años. Año tras año, con el comienzo del buen tiempo, los exteriores de la bodega son tratados con sumo cuidado para conseguir un ambiente sosegado y de descanso. El rio Carballas o Tamuxe, último afluente del Miño, es el que marca el límite de la finca por el suroeste.